Tema 56. El arte clásico: Grecia y Roma

Este tema forma parte del bloque de Arte dentro del temario de Geografía e Historia. Pertenece a un grupo de temas dedicados a los estilos históricos: tema 56 (El arte clásico: Grecia y Roma), tema 57 (El arte románico), tema 58 (El arte islámico), tema 59 (El arte gótico), tema 60 (El arte del renacimiento italiano y su influencia) y tema 61 (El arte barroco).

En este caso nos ahorraremos los argumentos para justificar su presencia en el temario, resulta evidente que todo opositor que se precie debe conocer los rasgos fundamentales del arte clásico.

El Renacimiento se fijó en los cánones artísticos y culturales de Grecia y Roma, recuperándolos y convirtiéndolos en el modelo a seguir. Fue entonces cuando surgió el concepto de clásico para referirse a la herencia grecolatina. A partir del Renacimiento el concepto de clásico en el arte va asociado a las ideas de orden, equilibrio y proporción, algo que posteriormente recuperaría el Neoclasicismo. En el contexto de la Historia del Arte, se entiende como arte clásico la producción artística del mundo grecorromano en la Antigüedad, que a la larga sentaría las bases formales y estéticas del arte occidental. Se puede considerar que comienza en el siglo XI a. C. con los primeros antecedentes de templos griegos y se alarga hasta el siglo IV d. C., cuando la cultura cristiana tomó el relevo.

Grecia aportó el orden y la proporción, definió los órdenes clásicos en la arquitectura y llevó la escultura hasta un grado de perfección nunca antes visto, estableciendo un canon de belleza que aún pervive. Roma perfeccionó y extendió el uso de arcos, bóvedas y cúpulas, formas con las que se construirían todos los edificios notables desde entonces hasta la aparición del acero y el hormigón armado en el siglo XIX.

El Egeo es el centro alrededor del que giró la Antigua Grecia: el continente, la península del Peloponeso y Asia Menor, además de las numerosas islas. Por su situación, Grecia siempre jugó un papel de puente entre Oriente y Occidente, recibiendo una clara influencia oriental. A partir del siglo VIII a. C. comenzó la colonización, el establecimiento de numerosas ciudades griegas por todo el Mediterráneo y el Mar Negro a partir de las cuales desarrollaron un intenso intercambio comercial y cultural. La cultura griega era básicamente antropocéntrica, con una religión en la que los dioses tenían formas y emociones humanas, algo que se plasmará en las artes, alejadas de las grandes obras colosales que se habían llevado a cabo en Egipto y Mesopotamia. El pensamiento racional, que intenta huir del pensamiento mítico, se ve reflejado en un arte también racional que se basa en el orden, la proporción, la simetría y la distribución.

El arte romano bebe claramente de las influencias etrusca y griega y durante mucho tiempo fue considerado una simple reproducción del arte griego. De acuerdo con Vitruvio (siglo I a. C.) el arte romano se resume en firmeza, utilidad y belleza. Una característica muy especial del arte romano es que, sobre todo durante el Imperio, fue bastante uniforme, repitiendo los mismos modelos de acuerdo a unas normas básicas fácilmente repetibles.

Los romanos tomaron de los etruscos el arco y la bóveda, una herencia de clara influencia oriental, para perfeccionarlos y utilizarlos con profusión hasta convertirlos en la base de su arquitectura y a la postre, de la arquitectura occidental durante dos mil años. La arquitectura romana realizó grandes obras de una dimensión y una complejidad técnica nunca antes conseguidas y que no serían superadas durante muchos siglos. Se construyeron edificios para uso y disfrute de los ciudadanos romanos, como anfiteatros, circos, termas o foros en los que el criterio funcional estaba por encima del estético.

Como siempre, os proponemos nuestro habitual test, una forma divertida de fijar contenidos asociando ideas e imágenes. Ya sabéis, quien pierde paga los cafés. 😉

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