Álvaro Fernández Serrano. Preparador de Geografía e historia

Me llamo Álvaro Fernández y nací en 1966 en Madrid.

Trabajo como profesor en el Departamento de Ingeniería Agroforestal de la Universidad de Lérida desde 1993.

Soy Ingeniero Agrónomo por la Universidad Politécnica de Madrid (1991) y Licenciado en Historia por la Universidad de Lérida (2003)

La pregunta es inevitable, ¿cómo un ingeniero agrónomo termina colaborando con opositores de Geografía e Historia? Seguramente este recorrido, profesional y vital, requiera de una detallada explicación. En la carrera de Ingeniero Agrónomo opté por la especialidad dedicada al diseño de infraestructuras rurales como riegos, caminos agrícolas, almacenes o granjas. Mi primera actividad profesional (casi dos años entre 1992 y 1993) la desarrollé en un empresa dedicada precisamente a este tipo de obras. A finales de 1993 surgió la posibilidad de incorporarme a la Universidad de Lérida para dar clase dentro del ámbito de las construcciones rurales en las carreras de Ingeniero Técnico Agrícola e Ingeniero Técnico Forestal y decidí probar. A ello me he dedicado desde entonces. Gracias a vivir en una ciudad pequeña pude compaginar mi trabajo con la que siempre había sido mi gran afición, la historia, carrera que terminé en 2003. Cuando en 2012 me ofrecieron la posibilidad de impartir la asignatura de Historia de la Construcción en la carrera de Arquitectura Técnica sentí que se cerraba el círculo, todo encajaba. Desde entonces explico, por ejemplo, cómo es una catedral gótica, los elementos típicos del estilo, el proceso de diseño y construcción, qué materiales se utilizaron, cómo se dispusieron y qué esfuerzos soportan, por qué no se cae o qué tipo de profesionales las construyeron. Pero también tengo que explicar cómo era la sociedad medieval que construyó aquellas catedrales, por qué es el estilo asociado al mundo urbano o por qué las ciudades competían por tener la catedral más alta. Ingeniería e historia unidas en una misma asignatura, no puedo pedir más. “Se nota que al profesor le entusiasma la asignatura” opinan los estudiantes en las encuestas. ¡Claro!

Vivimos en un mundo con un alto nivel de desarrollo tecnológico, lo que en ocasiones parece ensombrecer a las humanidades. Como persona formada en los dos ámbitos puedo decir que aquella tecnología que se intenta imponer sin un profundo conocimiento de la sociedad a la que va destinada, está condenada al fracaso. Considero insustituible la labor de las humanidades en el estudio de las sociedades humanes.

Si tuviera que destacar algo del trabajo de profesor, destacaría dos aspectos por encima de los demás. Me quedo con la incomparable experiencia de acompañar a los alumnos en su proceso de aprendizaje, poder mirar atrás una vez acabado el curso y comparar dónde empezaron y dónde han acabado y ver su cara cuando ellos se dan cuenta del progreso. Me quedo también con la capacidad que tengo de tomar decisiones, de organizar mi trabajo, de hacerlo de la forma que yo creo más adecuada. Punset afirma que las personas son más felices en aquellos trabajos en los que pueden tomar decisiones.

Creo que mi labor docente en la Universidad durante más de veinte años me proporciona un punto de vista más próximo a los opositores, a fin de cuentas universitarios no hace mucho. Estoy acostumbrado a tratar con jóvenes.

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