¿Cómo iniciarse y mejorar en la prueba del ejercicio práctico en las oposiciones?

Comenzamos hoy una serie de entradas que va a tratar el tema del ejercicio práctico ya que es una de las cuestiones más importantes en las oposiciones actuales docentes de Geografía e Historia y las demás especialidades. De hecho, si hay una prueba que quita el sueño a los opositores es justamente esta. Y es normal, porque en ella concurren varias circunstancias que la convierten en el enemigo a batir en las oposiciones. Así pues, nuestra serie partirá del nivel inicial, de cómo mejorar en esta faceta y la siguiente entrada explicará cómo convertir el comentario en nuestro fuerte.

¿Por qué la prueba del ejercicio práctico es tan temida?

En primer lugar, debemos indicar que, objetivamente, es la prueba más selectiva. Cuando vemos las notas de las distintas comunidades, comprobamos, año tras año, que la calificación que establece la criba es la del comentario. Además, en algunas comunidades, la calificación del ejercicio práctico supone el 70% de la nota (como en el caso de Madrid) de la parte A de la prueba.

Hay además en esta parte un alto porcentaje de incertidumbre, pues no sabemos a qué textos nos vamos a enfrentar en el ejercicio práctico, ni tan siquiera cuáles son las preguntas exactas que deberemos contestar hasta que no estemos delante del tribunal. Máxima tensión, por tanto.

¿Cómo mejorar en el ejercicio práctico?

Vistas así las cosas, ¿qué puedo hacer para mejorar en esta prueba? Vamos a señalar los diferentes elementos que nos pueden ayudar a mejorar en esta prueba.

Fase 1: La base es siempre el temario.

En la prueba del ejercicio práctico se nos va a requerir siempre que apliquemos a un caso concreto nos conocimientos generales que hemos de dominar (en el caso de Lengua castellana un texto, en el de Geografía e Historia un texto o una lámina, ejercicio prácticos en Matemáticas o Biología y Geología y en el de Inglés, una traducción). Por tanto, la primera cuestión está bien clara: dominar los temas que tienen que ver con los ejercicios que nos pueden caer. Es por tanto, absurdo, ponerse a hacer un ejercicio sobre una catedral gótica, por poner un ejemplo, sin dominar el tema que tras ese tema. Luego, entonces, como no puede ser de otra manera, la base es el temario. Eso quiere decir hacer un listado con los temas que entran en el comentario y estudiárselos.

Fase 2: Aprender la técnica de cada ejercicio

Una vez dominada la teoría, la segunda recomendación que yo daría es la de aprender la técnica del ejercicio práctico. ¿Cómo se hace ? ¿Cuáles son los esquemas que debo seguir para realizarlos? ¿Cuáles son las fases de realización del mismo? ¿Cómo repartirse el tiempo en la prueba? ¿Cómo debo estructurar las partes del ejercicio? ¿Cómo he de redactar sus diferentes apartados? “¡Eh, son muchas preguntas!”, diréis algunas personas. Efectivamente, así es. Además, cada especialidad tiene diferentes tipos de ejercicios… Hay muchos y muy buenos libros de guía y es muy buena idea leerlos. Y eso requiere tiempo, lo que supone que la calma, la paciencia y la fe son virtudes fundamentales para mejorar en el comentario. Todo esto se aprende poco a poco. No existen atajos. Yo no había realizado en la carrera más que tres o cuatro comentarios de texto. Afortunadamente fui alumno de don Francisco Marcos Marín y fue él quien puso en mí las bases de cómo realizar un comentario de texto, pues cada semestre dábamos un tipo de comentario y nos decía el texto con meses de antelación. Teníamos meses para prepararlo. Luego, nos daba dos horas exactas para la redacción. Ese fue mi único bagaje antes de encarar las oposiciones. Poco a poco, muy poco a poco, año a año como opositor fui mejorando gracias a la ayuda de mi maestro Jesús Martínez Sánchez.

Fase 3: Ejercitarse es la clave

La tercera fase, que debe ir de la mano de la segunda, es la de ejercitarse. Es imprescindible realizar ejercicios. No es suficiente con leerlos; es obligatorio hacerlos. Para aprender a esquiar, debemos esquiar; para aprender a navegar, debemos navegar. Es imposible aprender a esquiar, a conducir, a escalar, a navegar o a jugar al tenis sin practicar por nosotros mismos. Es en esa práctica donde se aprende. Lógicamente, aquí la mano de un supervisor es también muy importante. Y, afortunadamente, hay muchas personas buenas en este sentido. La mía fue Jesús Felipe Martínez Sánchez, quien me corregía un comentario cada cierto tiempo. Podemos echar mano de un amigo o de un conocido o de un buen preparador que nos diga cómo mejorar nuestra técnica. Hay otra opción más económica en tiempo y dinero: esperar a que sea el tribunal quien nos diga con su calificación que tal le parece nuestra técnica. No es la mejor, sin duda.

En esos ejercicios, lo mejor es ponernos en la misma situación en la que estaremos el día D; es decir, mismo tiempo de realización, mismo desconocimiento ante los textos que se nos interpondrán, misma ausencia de materiales de consultar y misma soledad en la realización de los mismos. Desde luego podemos hacerlo de otra forma; pero hemos de ser realistas: todo lo que no sea esto es darnos ventajas que el día D no tendremos. Y en una cuestión en la que la psicología; es decir, el bloqueo, se puede producir con tanta facilidad ante un texto que nos parece hermético o absolutamente inclasificable, lo mejor es ir con las lecciones bien aprendidas.

La próxima semana seguiremos con el tema. Saludos y ánimo.

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