Tema 57. El arte románico

Tema 57. El arte románico

Por aquí tenemos un montón de test para repasar todos los temas y unas cuantas películas que te pueden ayudar para estudiar o explicar el temario.

Continuamos nuestra serie El personaje del tema, en la que vamos destacando a una persona relacionada con cada tema, un personaje que nos llama la atención por algún motivo. Por supuesto, cada lector tendrá su propia opinión acerca de quién debería ser la persona destacada de cada tema.

Maravillas arquitectónicas anónimas

En el tema 57 nos hemos fijado en el maestro de obras anónimo. No podía ser de otra manera, la mayoría de las obras arquitectónicas del románico fueron construidas por personas que hoy nos resultan desconocidas, en el mejor de los casos tenemos un nombre, o algún detalle biográfico, pero poco más.

El maestro de obras era el responsable del proyecto y de su ejecución, dos actividades que estaban estrechamente unidas, porque la persona que ideaba el diseño era la misma que luego lo construía con sus propias manos. No debemos pensar en el concepto actual de proyecto, no serían más allá de unas pocas trazas con las líneas maestras del edificio, documentos que no han llegado hasta nuestros días. El maestro de obras normalmente era cantero de profesión, aprendía el oficio mediante el trabajo manual. Alcanzado un cierto grado de pericia, podía acometer la construcción de una iglesia, proceso en el que no solo actuaba como cantero, también se encargaba de los replanteos, de contratar a los diferentes oficios que intervenían, como herreros, carpinteros o pintores, y ejercía como un moderno director de obra, dirigiendo y supervisando todos los trabajos. También llevaba las negociaciones para cobrar la obra y pagar los materiales y los salarios. Normalmente el encargo del proyecto se realizaba mediante un acuerdo verbal, de modo que prácticamente no nos han llegado contratos escritos. Terminada la obra, el maestro de obras se desplazaba al siguiente lugar donde lo contrataran junto a su equipo de colaboradores. Era un profesional itinerante.

Al tratarse de un trabajador manual, no era considerado un artista, como después lo serían los grandes arquitectos del Renacimiento. El maestro de obras era visto como un albañil actual, no parecía necesario dejar constancia de su nombre. Solo en algunos casos el maestro de obras se atrevía a firmar su obra. Es el caso de la iglesia de Revilla de Santullán (Palencia), que ilustra entra entrada, su autor se trevió a incluir su retrato en la portada junto a una inscripción: Micales me fecit (Me hizo Miguel). Pero poco más sabemos de ese maestro Miguel. También el maestro Mateo firmó los dinteles del Pórtico de la Gloria en la catedral de Santiago, pero no sabemos mucho sobre su vida. Pere de Coma figura como maestro de obras en una lápida en la catedral vieja de Lérida, pero no sabemos dónde ni cuándo nació, ni siquiera dónde aprendió el oficio.

A pesar de que poco o nada sabemos sobre ellos, todos esos maestros de obras anónimos (o casi) conformaron con su trabajo el estilo románico. Aún sin poder citar sus nombres, merecen nuestro reconocimiento.

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