Prepararse para sacar la plaza: ser consciente de que las oposiciones son una prueba individual. (1)

Una de las cuestiones que a menudo nos planteamos es la forma de encarar el estudio de las oposiciones. No es un tema menor. Somos conscientes de que afrontaremos centenares de horas preparando las oposiciones. Nos obligarán a un enorme esfuerzo, grandes sacrificios en tiempo (muchas veces, también en dinero) y pondrán en tensión todo nuestro ecosistema vital (relaciones con amigos, parejas y familia). Por tanto, es lógico que, antes de dar el paso, tomemos un tiempo para reflexionar acerca de lo que nos conviene. Vamos a dedicar una serie de entradas a reflexionar sobre estos temas.

Las oposiciones son una lucha individual

La primera idea en la que yo insisto siempre es en explicar que las oposiciones son una lucha individual. Cada oposición de cada área y cuerpo es diferente. Incluso más, cada oposición aparentemente igual (sea la de Lengua y literatura, la de Geografía e Historia o cualquier otra) es diferente en cada convocatoria y en cada comunidad porque todo depende al final del número de plazas que se convocan, el tipo de pruebas y de cuantos y qué tipo de contendientes se presentan a ellas. Y eso quiere decir, desde el principio, que hay que enfrentarse a otras personas y convencer al tribunal con hechos (nuestros ejercicios y nuestra programación) de que nosotros somos mejores que nuestros contendientes. Y eso quiere decir que si hay ocho plazas (o una) en mi tribunal, yo tengo que ser una de esas ocho plazas. Lo demás importa bastante menos. Lógicamente, yo tengo bastantes anécdotas de estos treinta años dedicado a las oposiciones que pueden ilustrar lo que digo, pero seleccionaré una.

A comienzos de 2000 yo preparaba a una persona (por motivos obvios no diré su nombre ni daré datos que permitan identificarla, aunque si lee estas líneas se reconocerá rápidamente) que hizo su programación con mis materiales y bajo mi supervisión. Tenía un amigo del alma que le había pedido ayuda, pues estaba muy perdido. Yo desconocía este hecho. Y el caso es que, sin decírmelo, le pasó la programación que entre él y yo habíamos hecho (y que era bastante atractiva y novedosa) bajo la promesa de que no la utilizaría si caían en el mismo tribunal. Quiso la fortuna que acabaran coincidiendo en el mismo tribunal y que fuera el “amigo” del alma (y no quien yo preparaba) quien obtuvo la plaza. Fue entonces cuando mi opositor, desalentado por los resultados, me confesó lo que había hecho, convencido de que, hubiera usado o no su programación, había sido la base que le había permitido a su amigo aprobar. Mi opositor acabó obteniendo su plaza, pero tuvo que esperar cuatro años más. Entonces comprendió, de forma dramática, lo que quiere decir que las oposiciones son una lucha individual. El que tuvo que seguir estudiando (y sufriendo por la ansiedad y la incertidumbre que la oposición conlleva) otros cuatro años fue él y no su amigo.

¿Es de malas personas no ceder materiales a otros opositores?

En este caso se planteó una disyuntiva que muchas buenas personas sufren al comenzar a opositar. ¿No es de mala persona negarse a dar información a terceros? Hay muchas personas que creen que es inmoral hacer esto y abren la maleta de su esfuerzo a todas las personas que conocen para que ellas puedan tomar lo que mejor les venga. Eso es un grave error.
Lo primero que hay que decir es que desde el punto de vista práctico es erróneo como acabamos de ilustrar. Esto no consiste en ceder el paso a un anciano o a una persona en la cola del supermercado. Esto consiste en que actuar así conduce a que una persona que no se ha esforzado individualmente, alcance mi posición gracias a que yo le cedo el producto de mi esfuerzo. Y eso no es bueno ni para mí ni para la sociedad.

Para la sociedad tampoco es bueno, porque las personas valoramos el esfuerzo de los demás cuando nosotros mismos en nuestra práctica nos hemos esforzado. Nosotros reconocemos el esfuerzo individual ajeno mejor cuando nosotros mismos hemos dejado de salir y quedar con amigos, hemos sacrificado el tiempo que pasamos con hijos y pareja y nos hemos consagrado a una profesión (que en eso consiste convertirse en profesor, precisamente). Esa altura intelectual y moral solo se alcanza gracias al propio esfuerzo. Solo quienes han alcanzado sus metas con su esfuerzo están en condiciones de mostrar ese camino a sus discípulos y ser exigentes con ellos por su propio bien. He visto muchos “compañeros” en diferentes institutos que se dedican a degradar nuestra profesión regalando los aprobados a los alumnos, confundiendo la enseñanza con un grupo de amigos y degradando nuestro sistema educativo. Y siempre son iguales: personas que obtuvieron su plaza sin esforzarse. Personas poco preparadas que se ven incapaces de exigir a sus alumnos, no sea que empiecen a exigirles a ellos. Por ello, cuando alguien nos pregunte por qué no les cedemos nuestros esquemas, nuestra programación o cualquier producto de nuestro esfuerzo, debemos negarnos intentando que la persona comprenda que nos están pidiendo nuestro esfuerzo y que eso, en el fondo, es una ofensa. ¿Tú sabes en qué consiste verdaderamente la oposición? ¿Tú me pides mi tiempo, pero vas a sacrificar tú a tu familia y a tus seres queridos por mí o voy a hacerlo yo por los míos?

Los opositores avezados comprenden perfectamente que las oposiciones son una lucha individual

Pondré para finalizar la entrega de hoy otra anécdota constante en mis grupos de preparación. Desde el principio, yo no he dado materiales terminados para realizar la programación, sino un modelo general de programación y explicaciones individualizadas a cada opositor para que realizase la suya. Cuando tenía grupos presenciales, durante muchos años, más o menos a partir de marzo, comenzábamos las exposiciones orales. A partir de ese momento, muchas personas dejaban de asistir. Pronto comprendí el porqué, ya que las que sí lo hacían, me decían que la exposición oral que harían no era real y que no tenía que ver exactamente con los documentos confidenciales que yo les corregía, sino que pensaban hacer otros pues no querían que las ideas originales que se les habían ocurrido pudieran ser utilizadas por las otras personas del grupo. Sabia decisión, me decía yo para mis adentros. Utilizaban la exposición oral para ensayar, controlas los nervios, ponerse en situación y aprender lecciones vitales para el día D, pero ocultaban celosamente el producto de su esfuerzo y su talento. Ya habían aprendido en qué consistía esto.

Y por ello, la primera lección que hemos de aprender es que cada plaza es solo para una persona. La que la consigue finaliza una etapa vital, cierra una puerta que le permite abrir otras. Quién no la alcanza, debe esperar a un nuevo ciclo para hacerlo, postergando el inicio de nuevas singladuras.
Afortunadamente, en las ultimas oposiciones de 2018, el 26% de las plazas fueron conquistadas por personas que no tenían tiempo de servicio. Eso quiere decir que tanto ahora en 2019 como en 2020, tú puedes estar entre ellas. Hace falta ilusión, esfuerzo, fe, constancia y una buena preparación individualizada que nos dirija directamente a la meta.

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