¿Por qué son tan variables las notas de la encerrona en las oposiciones?



Una de las consultas y dudas que nos envían con más frecuencia al correo es la de la seguridad o fiabilidad que pueden tener las programaciones de cara al tribunal. ¿Cómo es posible que una misma programación que sacó en unas oposiciones un 8 a las siguientes obtenga un 3? ¿Cómo es posible que las notas de las programaciones sean poco previsibles? Vamos a intentar desentrañar este tema porque para muchas personas puede ser de interés.

En la encerrona intervienen muchísimos factores personales

La primera cuestión que debemos señalar es que en la encerrona no solo interviene la programación sino muchísimos otros factores que son muy importantes. Es la prueba más subjetiva de todas, la realizamos cara a cara y eso quiere decir que influye nuestra capacidad oral, nuestra capacidad de conectar con el tribunal o lo simpáticos que les caigamos. Lo cierto es que no debería ser así, pero es casi imposible que no lo sea. Factores ideológicos y humanos de todo tipo hacen que empaticemos con algunas personas directamente y que con otras no conectemos. Cualquier persona que se haya enfrentado a la encerrona sabe de qué estamos hablando. Y esa conexión va a influir en la nota final.

En la encerrona influye la praxis pedagógica de los miembros del tribunal

Este es otro factor decisivo. Quizá el más importante de todos. En la actualidad hay dos tendencias mayoritarias en el profesorado. A grandes rasgos podríamos decir que son, por un lado, la de quienes creen en el constructivismo, las teorías del aprendizaje significativo y la comprehensividad; es decir, la de quienes creen en la LOGSE y la ESO; y por el otro, la de aquellos docentes que piensan que los métodos y la enseñanza tradicional son superiores pedagógicamente. Se trata de dos campos absolutamente enfrentados. De un lado están los pedagogos, los psicopedagogos, los profesores de los másteres, los inspectores y aquellos profesores que por su juventud no han conocido otros sistema o por afinidad ideológica lo secundan. En el otro lado, están aquellos docentes que probablemente conocieron el BUP y que han sido refractarios a los cambios educativos que trajo la LOGSE, afirmando al estilo manriqueño, que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Esto explica también las diferencias de notas que obtiene una misma programación de un año a otro, porque las actividades que gustarán a unos, no convencerán a otros.

Los primeros están más interesados en “sensibilizar” o “concienciar” (eufemismos para evitar la palabra verdadera, que es “ideologizar”) y preferirán actividades o programaciones (como yo veo en ocasiones) cuya preocupación sea la violencia de género, la igualdad de género, la pobreza en el tercer mundo, el desarrollo sostenible o la inmigración. Les gusta más un proyecto multidisciplinar que intente realizar una campaña de sensibilización ante cualquiera de estas lacras que se proponen erradicar que una explicación perfecta sobre la estructura del grupo nominal. Es más, ven la palabra “explicación del profesor” y salen despavoridos. ¿Explicar dice usted? ¡Eso es de carcas!

Los segundos ponen el énfasis en las actividades y no en los proyectos. Les gusta que haya contenidos y que sus alumnos acaben el curso sabiendo más cosas referentes a lo que ellos dominan, la lengua y la literatura, aunque no se hayan concienciado de nada. Ofrecen instrucción y no concienciación. Ofrecen contenidos y no competencias. Este tipo de docentes elevan la ceja en cuanto aparece una propuesta de concienciación porque les huele a estafa de profesores que, en realidad, no saben de lo que hablan. ¡Como no saben de lengua y de literatura, se ven obligados a estas tonterías! Son los profesores de la vieja escuela, aquellos a los que se les pregunta una duda y no se ponen nerviosos.

¿Qué es mejor? Cada uno tendrá la idea que mejor le parezca y yo tengo la mía propia como sabe quien es seguidor de este blog, pero esto no es lo fundamental. ¡Lo fundamental es aprobar!

¿Y qué podemos hacer para blindar nuestra programación?

Pues lo primero es estar preparados para cualquier circunstancia. Mi consejo es que realicemos una programación que calle la boca a todos. Es decir, por un lado, seamos rigurosos, incluyamos los contenidos tradicionales propios de cada curso: lengua y literatura. Marquemos ejercicios y tareas que nos permitan demostrar el dominio de estas cuestiones y la eficacia de nuestras clases. Fijemos lecturas de manera lógica y efectiva.

Y, por el otro lado, seamos ambiciosos e innovadores. Dejemos en nuestra programación espacio a la realización de algún proyecto e introduzcamos tareas y actividades que se salgan de lo convencional y muestren nuestro dominio de las últimas tendencias pedagógicas. Mi consejo, además, es que el tratamiento de temas transversales se haga sin cargar las tintas en el elemento ideológico y siendo muy pulcros a la hora de demostrar que serán los alumnos quienes puedan llegar a sus propias conclusiones sin ser manipulados por nuestra programación. Demos alternativas viables para mostrar al tribunal que serán los alumnos quienes piensen y no quienes reproduzcan la ideología dominante. Demos pie, por ejemplo, a que los alumnos busquen la opinión de los científicos que cuestionan el cambio climático o analicen las actuaciones de las llamadas ONG’s que consiguen (gracias a concienciarnos a todos) subvenciones millonarias. Observemos los problemas desde todos los puntos de vista.

La clave está, por tanto, en pensar qué queremos hacer, buscar el equilibrio y el punto medio entre los diferentes elementos, mezclarlos bien y luego exponerlos con fuerza. Esa es la receta. Nada de lo que estamos diciendo nos va a dar la respuesta segura, pero sí nos va a acercar con mayor seguridad al éxito. Y ese es al final nuestro objetivo. Pensar, decidir y luego exponer con el mayor de los entusiasmos.



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