¿Por qué la nota de la programación es tan variable en las oposiciones?

¿Por qué la nota de la programación es tan variable en las oposiciones?

Photo by Allen Cai on Unsplash
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A menudo recibo correos de personas que quieren que les revise su programación y me cuentan que se presentaron con la misma a dos convocatorias de oposiciones consecutivas y en la primera sacaron una nota alta (pongamos por encima de un 8) y en la siguiente a duras penas superaron el aprobado. Esta es, a lo que parece, una situación bastante extendida, por lo que debemos reflexionar sobre cuáles pueden ser las causas de esto para tratar de afinar nuestra programación y nuestras unidades de la mejor forma posible.

Una llamada a la calma

En todo caso, hay que señalar que una programación bien hecha, bien elaborada y bien defendida podrá gustar más o gustar menos por las razones que vamos a indicar ahora, pero lo normal es que apruebe de forma holgada. Se pueden dar casos de errores o injusticias, pero lo normal es que apruebe porque las plantillas de los tribunales son muy exhaustivas y puntúan muchísimas cosas.

Los mínimos de la programación

Hay, por supuesto, que cumplir unos mínimos. El fundamental es la capacidad de expresarse oralmente con fluidez, coherencia y corrección. Podríamos decir que este es el requisito previo y por ello es muy importante partir de un discurso claro que podamos memorizar tal y como hacemos en nuestro curso de programación.

Las plantillas de corrección de los tribunales

Una vez señalado esto, debemos tener en cuenta que los tribunales cuentan con una plantilla parecida en las diferentes comunidades. En la andaluza, por ejemplo, aparecen 30 puntos repartidos entre 25 ítems. Y muchos de ellos son muy subjetivos. Por ejemplo “Contenidos: adecuado desarrollo” vale 1 punto. Pero del 0 al 1 hay una distancia y a la misma programación un año se le pone un 0,25 y otro el punto entero. “Desarrollo de las actividades variadas, graduadas en dificultad y accesibles a todos los alumnos” vale 2 puntos. “Aprendizaje significativo, activo, participativo y motivador” vale 2 puntos en los que la subjetividad del tribunal desempeñará un factor clave. Y es este factor subjetivo el que explica que un tribunal pueda poner 20 de los 30 puntos y otro 10 y otro 28 puntos. Todo dependerá de que seamos capaces o no de gustar al tribunal.

Cada maestrillo tiene su librillo

Así pues, lo que, en mi humilde opinión, explica la enorme variabilidad de las notas de la encerrona estriba en que las actividades y el enfoque conecten con lo que les gusta a los profesores del tribunal. ¿Y cómo saber si les va a gustar la ludificación? ¿Y las lecturas les pueden parecer de un nivel excesivamente alto? ¿Y si están en contra de las adaptaciones? ¿Y si están en contra del uso de los ordenadores? ¿Y si creen que lo más importante es que el alumno se divierta? ¿Y si son personas que prefieren avanzar muy despacio incluso aunque no se dé el currículo entero? ¿Y si son personas a las que los nuevos enfoques pedagógicos les parecen, directamente, una chorrada? ¿Y si nuestras actividades les parecen irrealizables porque en su clase los alumnos siempre se portan fatal? Es decir, hay tantas formas de dar clase, y tan personales, como personas que ejercen la docencia, pues como dice el refrán: “cada maestrillo, tiene su librillo”. Y es esto, en mi opinión, lo que hace que la misma programación pueda obtener una nota muy diferente en dos convocatorias seguidas.

Estudiar al tribunal de oposiciones es importante

Por ello, es importante, en cuanto sabemos quienes integran nuestro tribunal, estudiarlos detenidamente a partir de las huellas que pueda haber de ellos en internet o en otros medios, como puedan ser interesándonos por sus publicaciones. Una vez localizados, es útil saber cuáles puedan ser sus posicionamientos educativos, para matizar nuestra exposición en las líneas adecuadas. Pero no podemos olvidar que cuando sepamos esto, nuestra programación estará casi hecha, por lo que tendremos menos capacidad de maniobra. ¿Qué es entonces lo mejor que podemos hacer?

El equilibro entre tradición y vanguardia

Esta es, al final, la gran cuestión. El primer paso es, en mi opinión, el eclecticismo; es decir, sostener un equilibrio entre diferentes elementos, de forma que al exponerla ante un tribunal con unos profesores que prefieren el rigor y la ortodoxia en cuanto a contenidos y metodología y con otros que prefieren los nuevos enfoques, todos encuentren en nuestra programación y unidades elementos que les agraden, y si son personas positivas, tengan motivos para engancharse con nuestro producto. Por ello, en
nuestro curso de programación damos a los opositores varios modelos de programaciones ya hechas (algunas incluso con las unidades desarrolladas) que son bastante diferentes entre sí. Unas tienen un enfoque y plantean unas actividades y tareas más tradicionales y otras un enfoque y unas actividades más vanguardistas. El objetivo es que el opositor pueda tener un amplio abanico de posibilidades entre las que elegir para armar su propia programación.

El equilibrio entre el entusiasmo y la eficacia.

La segunda cuestión importante es para mí que haya un equilibrio entre el entusiasmo y la eficacia. Las emociones son muy contagiosas y haremos bien si mostramos al tribunal emociones positivas relacionadas con nuestro trabajo. Es imposible que creamos y nos ilusionemos con nuestra propuesta, que sea una expresión de nuestra propia personalidad, que en ella volquemos quienes somos. Porque cuando hacemos eso, el producto tiene un brillo inconfundible y es un imán poderoso para atraer a los alumnos y a los otros profesores. Pero tampoco podemos caer en lo irrealizable, en lanzar un emocionado brindis al sol que quienes nos escuchen consideren poco razonable y realista. La razón y el principio de realidad son el contrapunto a esas emociones. La idea es que los alumnos y los miembros del tribunal al ver nuestra propuesta piensen: ¡Fantástico! ¡Es factible! ¿Cuándo empezamos a hacerlo? ¡vamos a ponernos en marcha! ¿Y cómo se hace creíble una propuesta? Pues hay dos formas: una de ellas es demostrando que se puso en práctica realmente; la otra es detallar cómo se llevará a cabo nuestro plan.

Recabar ayuda exterior

Y para saber esto, podemos y debemos saber cuál es el efecto de nuestros planteamientos. Es necesario contar con personas que nos ayuden a comprobar el funcionamiento de las actividades. Alumnos, adolescentes, otros profesores o un buen preparador pueden ser ayudas inestimables para que nos ayuden a afinar nuestra programación. Si podemos realizar las actividades con nuestros alumnos… ¡hagámoslo! Si tenemos compañeros que nos parezcan eficaces y son generosos con nosotros, ¡pidámosles ayuda! Y si tenemos un buen preparador, ¡aprovechémoslo! Estos tres ayudantes no son incompatibles y lo mejor es que sean complementarios.

La programación es un tema que va a caernos seguro si queremos sacar la plaza

Lo que es seguro es que en la primera parte nos puede caer cualquier tema de los 72; pero en la segunda parte, la defensa de la programación es un tema que nos va a caer seguro, así que debemos prepararlo a conciencia. Hagámoslo con fe y constancia, repitiendo nuestra defensa una y otra vez hasta que controlarla perfectamente y estar seguros de que nuestra exposición es sólida y eficaz. Solo entonces podremos darnos por vencidos, sabiendo que superaremos con seguridad esta última valla antes de llegar a la meta. Mucho ánimo y ¡a por la plaza!

Como siempre, nuestro recuerdo a las víctimas de la pandemia y a sus familiares. Saludos y ánimo.

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