Los dos caminos del opositor

Los dos caminos del opositor

Como todos sabemos, el acceso a la función pública docente, viene regulado por el Real Decreto 276/2007 cuyas consecuencias prácticas hemos analizado en Opolengua y Opohispania en muchas ocasiones y sobre las que hemos incluso realizado un video que puede resultaros interesante.

Una de las consecuencias más significativas es la enorme dificultad que tiene un opositor sin puntos de antigüedad para obtener una plaza de funcionario en el concurso-oposicion.

El acceso a la función pública en dos fases.

Así, el acceso a la plaza se da, en la práctica, en dos fases. Una primera en la que el objetivo es alcanzar las listas de interinidad y una segunda en la que ya, con suficientes puntos de antigüedad alcanzados, se obtiene la plaza. Este sistema de acceso tiene unos efectos muy perniciosos y es que, en la práctica, se traduce en que en las oposiciones definitivas, en las que los opositores obtienen su plaza, pueden alcanzarla con una nota muy baja (y mucho más baja que sus competidores).

Un sistema de acceso no puede estar dictado para gustar a las personas que opositan ni mucho menos a los sindicatos (que representan lo peor de la educación en España), sino que es un mecanismo de la sociedad que debe servir para conseguir que los mejores obtengan los puestos de privilegio (no lo olvidemos, vitalicios) que suponen la posibilidad laboral de transmitir a las próximas generaciones el legado de la cultura occidental. Eso es un privilegio, se mire como se mire. Y por tanto, las personas que accedemos a las plazas de funcionarios debemos ser exigidas con rigor por la sociedad que nos paga y elige. Esto es de una evidencia palmaria y es lo que quiere cualquiera como padre, alumno o usuario del sistema sanitario: ser atendido por los mejores.

El primer gran esfuerzo del opositor

Pero hay otro efecto colateral de este modelo de acceso y es la disyuntiva a la que obliga a enfrentarse a todos los opositores interinos (que son decenas de miles de personas en España). El recorrido común de un opositor consiste en que, en la primera fase, para entrar en listas, realiza un esfuerzo ímprobo y espectacular: desbrozar el temario, realizar la programación y aprender los rudimentos del comentario (algo que no se hace en la carrera). Todo eso, generalmente, en un año. Y todo esto, en la mayoría de los casos, con trabajos precarios, mal pagados o situaciones personales muy complicadas. Una tarea hercúlea. El mayor esfuerzo y las peores condiciones para obtener como premio simplemente entrar en listas.

Tras la entrada en lista de interinidad

Una vez que está dentro, ese opositor consigue el primer año hacer algunas sustituciones y no se da cuenta de que, en la práctica, su puesto es ya vitalicio, por lo que hay muchas personas que siguen estudiando con fuerza.

Pero a partir del segundo año se da cuenta de que, sin estudiar, sigue mejorando en las listas. Y que ya no necesita estudiar, pues ya está dentro. Al siguiente curso, obtiene una vacante, sin haber hecho más mérito que estar ahí. Al siguiente, se acerca a casa… Es decir, cada año sus condiciones van mejorando. Y al final llega a la conclusión de que, para seguir trabajando, simplemente, no necesita estudiar. En esas condiciones, ¿por qué estudiar?

Además, los años pasan y la vida nos va interponiendo nuevos retos y uno decisivo: la maternidad o la paternidad, determinada por una especie de reloj biológico. Llegado este momento, muchas personas optan por tener el ansiado hijo, lo que conduce en la práctica a que el estudio se haga más difícil, sobre todo si no contamos con una tupida red familiar que nos apoye.

Así, a la persona que oposita, se le abre una disyuntiva muy seria: ¿sigo estudiando o aflojo el ritmo?

El camino fácil: el de la comodidad, la inseguridad y el desprestigio.

El camino fácil consiste aquí en acumular puntos sin estudiar hasta que, por inercia, el sistema nos facilite la entrada vía sindicatos. ¿Cuáles son los efectos de este camino? Profesores peor preparados que luego se tienen que preparar las clases (yo no me he preparado la teoría de una clase en toda mi carrera docente), profesores inseguros que se ponen nerviosos ante las preguntas de los alumnos, profesores que compensan su incapacidad laboral siendo “simpáticos” y aprobando con facilidad, alumnos que saben que tienen profesores malos y se comportan de acuerdo con esta realidad, indisciplina y, finalmente, el desprestigio (ganado a pulso) de la educación pública. ¿Cuántos profesores así, preocupados sobre todo de tomar su nómina a fin de més, alberga hoy el sistema? ¿Tú quieres ser así?

El camino difícil: el de la mejora individual y el progreso social.

En Opohispania/Opolengua queremos a los docentes que optan por el camino difícil. Por el del rigor, el del estudio y la seriedad. Cuando un profesor sabe de lo que habla, los alumnos lo ven. Efectivamente el camino difícil es más duro (por eso se parece a una singladura o a una escalada), pero conduce al respeto. Si tú lo tomas, tus alumnos y los padres te respetarán, porque cuando entres en la clase y tomes la palabra, porque cuando te pregunten dudas, porque cuando actúes, sabrás que sabes de lo que hablas y te respetarán…

Este camino es el de la verdadera calidad de la educación pública. La educación pública, como siempre hemos dicho, no se defiendo pidiendo dinero. Claro que hay que exigir buenas condiciones para alumnos y profesores. Pero antes de exigir hay que dar. Hay que dar Un buen profesor de Literatura no necesita más que un libro de Machado, un cuaderno y un bolígrafo para dar una clase fenomenal.

Este año hay muchas personas que tienen que optar por uno de estos dos caminos. Y en Opohispania/Opolengua siempre estamos al lado de los que optan por el camino difícil, el del bien social,  el de la calidad de la enseñanza pública, que es camino  del progreso y la igualdad de derechos entre todos los españoles.

Durante este curso va a haber miles de personas que van a optar por el camino difícil: preparar sus clases y cumplir con su obligación y además se van a esforzar al máximo para obtener su plaza. ¡Qué gran ejemplo es este país y en estos tiempos!

En la vida siempre hay dos caminos. El fácil y el difícil. Y como de dice en la película Perfume de mujer, la integridad y el valor son la pasta de la que están hechos los líderes. En Opohispania queremos ayudar a quienes nos hacen sentirnos orgullosos de esta profesión. (Ver a partir del minuto 4).

¡Ánimo para las personas valientes y justas!

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