La importancia de los cursillos en las oposiciones

Hoy vamos a tratar otro punto importante en las oposiciones. Y, podríamos decir con más propiedad, otros dos puntos importantes, porque nos referimos a los dos puntos que el baremo dedica a los cursillos. Ilustraré además este aspecto con una anécdota real.

Se puede perder la plaza por no vigilar este aspecto del baremo de las oposiciones

Corría el año 1996 y se convocaban una decena de plazas de Lengua castellana y literatura para la Comunidad de Madrid. Un opositor terminó su encerrona y al finalizar la misma, el tribunal le felicitó dando su plaza por segura. Eran profesores que entonces rondarían la cincuentena y creían que las oposiciones eran como en su época (aquellos años setenta y ochenta) en los que no se trataba de concurso oposición, sino de una oposición pura y dura. Y al estar convencidos de que aquel opositor había sido el mejor del tribunal, estaban igualmente convencidos de que obtendría la plaza. Le pusieron un 9,25 como nota media entre el tema, el comentario y la encerrona. Aquel opositor no obtuvo plaza. Se quedó a 0.0011 de la misma. Aquel opositor solo contaba 0,2 en lo referente a los cursos. Si hubiera tenido todos los puntos del baremo, habría obtenido plaza en 1996. Aquel opositor era yo.

Nunca debemos olvidar que esto es un concurso-oposición

Y así fue como yo me llevé una de las grandes decepciones que acumulé en el mundo de las oposiciones. Después de hacer tres brillantes ejercicios y ser el mejor a juicio del tribunal, me quedé a las puertas de la plaza por haber menospreciado el valor de los puntos de los cursos. Centrado en el estudio y en mejorar mis habilidades como comentarista de textos, había olvidado que el baremo suponía el 33% de la nota y que los cursos eran un 20% de ese baremo, por lo que el 6.6% de la nota eran los cursos.

La razón por la que yo despreciaba los cursos era tan poco práctica como ideológica: me parecía injusto que un cursillo en el que iba a perder el tiempo y en el que no había que demostrar nada pudiera valer como el saber puro y duro de dominar el temario. Y como lo veía injusto y estúpido, no les prestaba la suficiente atención.

¿Por qué hay concurso-oposición?

Y, efectivamente, hoy sigue dándose esta estupidez de los cursos. ¿Por qué? La razón es que los sindicatos llamados de clase (UGT y CCOO), desde sus inicios en los años ochenta, trataron de interferir en las oposiciones. En un primer momento, hasta 1984, plantearon las llamadas “oposiciones restringidas” en las que el grueso de las plazas se reservaba a los interinos y un reducido sector a los “libres”. Pero en 1984, el Tribunal Constitucional dictaminó, previa demanda de un opositor, que las oposiciones restringidas eran inconstitucionales, pues rompían el principio de igualdad ante la ley de todos los españoles. Eso fue un mazazo para los sindicatos, pero pronto se repusieron y pactaron con el Gobierno del PSOE de entonces la sustitución de las oposiciones por un concurso-oposición, como forma de primar la antigüedad de los interinos.

¿Cómo mejoraron los sindicatos el sistema?

El sistema del concurso fue mejorado por los sindicatos durante los años noventa. En un principio, los cursos los hacían entidades públicas (centros de profesores, universidades públicas y asociaciones de profesores) y eran presenciales. Pero con la difusión de Internet, esa supuesta “formación” se convirtió en online y los sindicatos y asociaciones de todo tipo se lanzaron a conseguir dinero, ofertando unos cursos que no tenían más valor que su homologación en horas para las oposiciones. No contentos con esto, los sindicatos presionaron a la administración para que el número de horas que daba los puntos máximos aumentara y así para obtener el tope de dos puntos se pasó de doscientas a trescientas horas, con lo que los sindicatos recibían más dinero. Es decir, los cursos se convirtieron en una fuente de financiación (perfectamente legal, eso sí, gracias al Ministerio) para sindicatos y asociaciones afines al poder.

¿Qué actitud adoptar ante los cursos de oposiciones?

Nuestra opinión es que la actitud que un opositor consciente debe mantener ante estos engendros educativos que son los cursos es triple. En primer lugar, asegurarnos de que tenemos todos los puntos posibles gracias a alcanzar el máximo de horas en cursos homologados. En este sentido, debemos cerciorarnos de que los cursos que pensamos hacer lo son, llamando por ejemplo a nuestra consejería de referencia. En segundo lugar, eligiendo aquellos que nos den más puntos con menos esfuerzo. Es decir, trabajo el mínimo posible, porque hay mucho que estudiar. Y, en tercer lugar, afrontarlos con la máxima cervantina: “no hay libro por malo que sea, que no tenga algo bueno”.

Hay que tener en cuenta, además, que estos puntos, para aquellos opositores que no tienen puntos de antigüedad pueden ser muy importantes porque dan hasta dos puntos por ellos, lo que equivale a casi tres años de antigüedad. Y para los que sí tienen la antigüedad es una manera muy sencilla de aumentar otros dos puntos hasta llegar a completar los diez puntos de méritos del baremo actual.

Por tanto, hagamos los cursos, sí; pero no les demos mayor trascendencia ni espacio que los que se merecen y recemos porque algún día haya unas oposiciones verdaderamente libres.

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