Estándares de aprendizaje en Geografía e Historia

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En estos días de septiembre y primeros de octubre la mayoría de los departamentos didácticos realizan una labor de supervisión de las programaciones didácticas. El objetivo primordial en la mayoría de los casos es presentar documentos acordes con la normativa y presentar propuestas actualizadas. Muchas de las programaciones que los docentes noveles se encuentran a la hora de trabajar se presentan como una sucesión de elementos inconexos extraídos de la normativa vigente. Desafortunadamente existe bastante desconocimiento sobre como abordar el proceso de enseñanza y evaluación con las herramientas de la nueva ley. Un caso paradigmático de esto que presentamos es el de los estándares de aprendizaje. Un aspirante a docente debe conocer en profundidad las herramientas que le facilita la ley y debe poder programar con facilidad usando estos instrumentos.

La LOMCE reconoce en su texto el estándar de aprendizaje como descriptores de logro del alumno con vocación de referente común. Es decir, lo que se buscaba cuando se elaboró esta herramienta era homogenizar los procesos de seguimiento del aprendizaje en los diferentes niveles educativos. Además, la ley reconoce entre estándares esenciales o básicos y aquellos que no lo son. Los primeros se corresponden con los conocimientos mínimos e indispensables y corresponde a los departamentos didácticos seleccionarlos y aplicarlos. Lo lógico es que aquellos estándares básicos supongan al menos el 50% del peso en el proceso de evaluación. Sin embargo, la última palabra debe estar en los departamentos. Si este trabajo no se lleva a cabo adecuadamente la selección corre el riesgo de ser disfuncional y los estándares perderían su sentido.

Por otra parte, un error común está en pensar que el estándar por si mismo es un instrumento. Y no es así. Es necesario elegir los instrumentos que vamos a usar para evaluar la consecución de un estándar. Forma parte de un correcto proceso de elaboración de la programación aclarar la forma en que vamos a desarrollar el estándar y el proceso para chequear su consecución. Además, un estándar (especialmente en geografía e historia) debe tener por su naturaleza grados de consecución. De igual modo, por tanto, es necesario elaborar de antemano cuales son los grados de consecución de los estándares aplicados. A la luz de estos nuevos descriptores cuya complejidad ha incrementado la forma en que abordábamos la evaluación se hace más necesario que nunca desarrollar nuevos sistemas de recogida de datos que nos ayuden en la labor docente. Las rúbricas, tan de moda ahora, son una respuesta más a este proceso de complejización. No son la única manera de hacerlo, pero si una bastante eficaz. Habrá ciertos estándares que convendría evaluar a través de rúbricas prediseñadas.

Por último, conviene recordar que la evaluación en LOMCE es competencial. El estándar solo ha venido para ayudar en la evaluación. De modo que el proceso de evaluación no estará completo si no adscribimos las diferentes competencias tratadas en la programación a cada estándar. Estos descriptores deben poder demostrar la consecución de alguna competencia, al menos de forma indirecta. El peso y la manera en que lo haga es cosa nuestra.

La educación está cambiando, y los procesos de enseñanza por ende también. Un buen aspirante conoce la ley adecuadamente. Es probable que el sistema que plantea la ley sea más estanco, previsible y menos abierto de lo que estábamos acostumbrados. Pero parece que estos procesos han llegado para quedarse y debemos ajustarlos a nuestro método de trabajo para convivir con una ley educativa que todo docente (actual y futuro) debe cumplir.

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