En las oposiciones, la fe conduce a la victoria



En los próximos días se van a realizar las oposiciones de secundaria en Galicia, Comunidad Valenciana y las Islas Baleares. En estos momentos miles de personas están sufriendo en su interior el proceso de angustia e inseguridad que el enfrentamiento real al examen supone. Dificultades para dormir y concentrarse, crisis de angustia, nervios constantes… Cerebro, corazón, estómago y todo el organismo se atenazan ante la inminente prueba. Cuerpo y alma tiemblan. ¿Cuál es la mejor forma de afrontar estos momentos?

Ya dedicamos hace una semana una entrada a cómo afrontar la angustia en las oposiciones. Hoy vamos a abundar en este tema, sabedores de que es una preocupación que sufren todas las personas que opositan y con la conciencia de que esta reflexión puede ser útil a quien oposita hoy y a quienes lo harán dentro de un año, en la convocatoria de 2020.

¿Qué es la fe para el opositor?

Hoy vamos a hablar de la fe. El Diccionario de la RAE define la fe como “creencia o confianza”. Aplicado a las oposiciones, la fe es la creencia o la confianza del opositor en sus posibilidades de alcanzar el triunfo. Diremos que un opositor tiene fe cuando confía o cree que va a alcanzar sus objetivos, pero también, como veremos al final de esta entrada, la fe para un opositor es algo más.
Esto quiere decir que la fe del opositor debe adaptarse a sus propia situación y perspectivas reales. Por ejemplo, una persona que no tenga méritos y lleve un solo tema, no puede tener fe en alcanzar la plaza porque eso más que fe, sería una locura. Es decir, debemos confiar en elementos que sean posibles y razonables. Para algunos opositores, será posible creer en alcanzar la plaza y para otros la fe puede modularse hacia objetivos intermedios.

¿ Por qué es bueno tener fe?

La fe es muy importante porque es lo que nos va a ayudar a sobrellevar las malas situaciones a las que, de seguro, nos vamos a enfrentar en las oposiciones. No existe el camino sin obstáculos; lo que existe es la manera adecuada de afrontarlos. Y en este sentido, quien tiene fe en sus posibilidades, va a responder de forma mucho más consistente y constante que quien no la tiene. En las oposiciones hay días mejores y días peores. Días en que nos deslizamos sobre el tema que estamos aprendiendo como un velero con viento en la popa y otros en que algo se tuerce o todo se tuerce por errores propios o por noticias que son negativos y sufrimos una pequeña crisis. Es en esos momentos, en los malos, cuando la fe sirve como defensa, como muralla personal que impide que decaigamos en el esfuerzo.

La fe consiste en afrontar ese problema diciendo: “Vale, muy bien, acepto que tengo esta dificultad y hoy no es el día en que puedo resolverla mejor; pero a la larga voy a conseguir solventar este problema y al final alcanzaré la plaza”. Esa fe es el concepto mágico del que han echado mano y del que siguen echando mano los colectivos humanos que se juegan literalmente la vida. Militares, bomberos, toreros y tantas profesiones hacen un uso constante de la fe para afrontar los tremendos riesgos a los que se enfrentan. “Al final lo conseguiremos” se repiten una y otra vez estos colectivos para darse confianza y afrontar sus pruebas. Américo Castro señalaba que la creencia en el apóstol Santiago se difundió entre los reinos cristianos como respuesta a la yihad islámica. Los combatientes musulmanes luchaban en la Reconquista con enorme fe y valor porque creían que al morir irían al Paraíso. Los cristianos les opusieron entonces una nueva creencia: también ellos tendrían apoyo divino pues ni más ni menos que un apóstol armado acudiría a su llamada cuando peor les fuera en el combate. Esta es una muestra clara del sentido de la fe. Esta es la ventaja que tienen siempre quienes creen en Dios pues consideran que su vida forma parte del gran plan de la Creación.

¿En qué podemos o debemos tener fe los opositores?

Debemos tener fe en que la plaza será nuestra, más tarde o más temprano. Nosotros lucharemos para que sea cuanto antes; pero seremos conscientes de que, de una forma u otra,al final la plaza será nuestra. Y esta fe ha de ser real porque es la verdad. Como he dicho tantísimas veces, en estas oposiciones yo no conozco a nadie (y llevo veinte años preparando personas) que no haya conquistado su plaza si ha persistido. Eso es lo cierto. Incluso he conocido casos de personas que tras varios fracasos en los que no han obtenido el resultado que deseaban (incluso sacando notas bajas) pero que han persistido y al final han entrado en bolsas de sustitución y luego han ido haciendo puntos y al final han conquistado su plaza.

Y eso no es lo normal. Lo normal es conseguir la plaza en menos tiempo. Persistir es la palabra. Y persistir está al alcance de cualquiera por lo que en realidad en quien tenemos que tener fe es en nosotros mismos. Esa tiene que ser la diferencia entre nosotros y otras personas.

Abandonarnos a la vida

Así pues de lo que se trata es de abandonarnos a disfrutar de la vida. Y con esto no me refiero a disfrutar del “dolce far niente”, de la molicie o la indolencia, sino de la vida consciente. Nadie que alcanza una meta seria lo hace sin abandonarse al flujo de la vida consciente. Ni Colón, ni Cervantes, ningún científico, ninguna persona de calidad ha llegado a su cima sin esforzarse y abandonarse a la vida con fe y determinación, considerando cada nuevo día como una nueva oportunidad para acercarse a su meta. Considerando que la vida es justamente el camino a su meta. Y es entonces, al abandonarnos a nuestro destino, cuando comprendemos que la verdadera vida es la del esfuerzo por las cosas en las que creemos, que no es otra cosa, en el fondo, que el esfuerzo por construirnos una nueva identidad.

La felicidad del opositor radica en que sabe que lo que está haciendo es lo correcto.

Y aquí enlazo con lo que decía al principio, la fe es la confianza en que vamos a alcanzar la plaza, pero es también la creencia en que estamos en el camino correcto, la confianza en que haciendo este enorme esfuerzo estamos pasando a ser otra persona mejor, una persona con más conocimientos y con más preparación, más dotada para servir a la sociedad y a la creación toda.
La felicidad que proviene del esfuerzo es la más grande a la que puede aspirar un ser humano. Bienaventurado el opositor que cree estar haciendo lo correcto cuando está estudiando porque será capaz de superar la inevitable angustia con mayor fortaleza que los demás.
Y ahora, por tanto, debes pensar: “¿estoy yo haciendo realmente lo que deseo?”, “¿forma parte de mi plan vital convertirme en profesor, en alguien que domina una pequeña rama del saber para transmitirla?”. “¿Es esa la identidad por la que lucho?”. Si la respuesta es sí estás de enhorabuena porque estoy seguro de que lo vas a conseguir. Así que respira hondo, mira al frente y vuélcate en el estudio porque el tiempo está para aprovecharlo y la prueba se acerca y tú ya estás entre los llamados.



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