El orgullo de opositar es nuestra fortaleza

Photo by Zoltan Tasi on Unsplash
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Quien ha opositado realmente conoce la dureza de la oposición

Hay una idea muy importante en las oposiciones y la quiero expresar hoy aquí. Todos los que estamos embarcados en esta aventura que es opositar sabemos de su extrema dureza, de las dificultades y sacrificios que comporta y de la angustia y ansiedad de las que tanto hemos hablado en este blog y que se convierten en compañeras inseparables de nuestra singladura.

Nuestro gran premio se da siempre en diferido

Y una de las mayores dificultades que afrontamos al opositar es que el premio que vamos a conseguir, como todos los grandes premios en la vida, se consigue tras mucho esfuerzo y mucho después de comenzar a soñar con él. Pongamos como ejemplo a Rafa Nadal, el mejor deportista español de todos los tiempos. ¿Cuántos raquetazos tuvo que dar en su infancia hasta levantar su primer Roland Garros? ¿Y cuántas lesiones ha afrontado después hasta llegar a levantar veinte veces un trofeo de Grand Slam? Nuestra situación tiene sus similitudes con esto, salvando todas las distancias. Hasta que obtenemos la plaza son muchas horas de muchos días de muchos meses e incluso de muchos años peleándonos con ideas que están fuera de nuestro cerebro, en los temas, y pasan a estar dentro de nosotros, a formar parte de nuestro bagaje cultural y personal. Y eso es muy duro sabiendo que nuestro premio está tan lejos.

Pero Rafa Nadal no hubiera llegado donde está sin esos pequeños raquetazos que le hicieron grande poco a poco, ni tampoco tú alcanzarás la plaza sin afrontar esos sinsabores diarios que nos produce el estudio.

Darse premios en las oposiciones es muy importante

Y por esto, darnos pequeños premios en las oposiciones es muy importante. Si no te los das tú, que eres en verdad la única persona que sabes cuánto te cuesta y cuánto sacrificas por estudiar: ¿quién te los va a dar mejor? Yo, como preparador, te digo que reconozco, valoro, aprecio y me enorgullezco de cada uno de los esfuerzos que hacen las personas que opositan porque en cada uno de ellos está el Bien, las ganas de servir a la sociedad y de mejorar el mundo mejorando a las futuras generaciones. Y realizar un esfuerzo por esto es un orgullo.

Yo me enorgullezco del trabajo de cada opositor

Yo me enorgullezco de ver la estela de trabajo que ha dejado cada persona que comparte conmigo su ficha semanal. Ese es el rastro inconfundible, del sudor, del sacrificio, de ese pequeño esfuerzo extra que hacemos una y otra vez y que nos cuesta chispas en el cerebro por memorizar una idea más, una más. Yo me imagino sin mucho esfuerzo las miles de personas que, guiadas por el mismo reloj vital, el del deber, se encierran cada tarde a dar sus raquetazos, a avanzar en la memorización de temas, en la elaboración de buenos comentarios y programaciones, porque sé muy bien lo que cuesta y porque sé que quien les guía es el Bien.

El orgullo es nuestro premio y nuestra fortaleza

Y si me enorgullezco yo… ¿no te vas a enorgullecer tú? ¡Pues claro que sí! El orgullo del trabajo bien hecho y del crecimiento personal es el primer premio que debemos darnos. Siéntelo y enfréntate con él a la angustia y a la ansiedad cada vez que aparezcan.

Hago todo lo que puedo y eso basta para que esté orgulloso de mis actos.

No nos fijemos tanto en lo que nos ha quedado por hacer, Miremos atrás, veamos lo que hemos avanzado día a día, semana a semana y cuando hayan pasado meses podremos ver una preciosa estela. Delante, lejos todavía, el puerto de llegada; pero detrás… ¡qué esfuerzo glorioso!, ¡qué enorme crecimiento personal!, ¡qué orgullo de formar parte del progreso y de la vida!

No lo olvides jamás: lo que haces está bien, representa el Bien y al final, seguro, obtendrá su recompensa.

Saludos y ánimo

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