Depósito de responsabilidad.

Hoy es un buen día para reflexionar sobre el papel que un profesor de historia debe tener en una sociedad democrática moderna. A nadie se le escapa que muchos de los problemas que adolece, no solo la España de nuestros días, sino buena parte de las democracias maduras occidentales provienen de una profunda crisis identitaria. Esta devaluación del yo colectivo de las democracias occidentales se encuentra muy extendida y se basa en una inconsciencia y desconocimiento del pasado remoto y reciente. Esto no significa que la historia sea la salida a nuestra crisis de valores actual. Tan solo debemos plantear que el desconocimiento progresivo de la historia es uno de los vectores clave del deterioro del músculo social que alimenta la cohesión y la funcionalidad de una sociedad abierta, cosmopolita y que se sabe democrática.
Detrás de la función de la historia como elemento aglutinador social se encuentra la proyección que un estado debe hacer a través de la educación como vehículo socializador de su población. Las democracias occidentales comprendieron hace mucho que la historia debe ser tratada con respeto y desde un punto de vista crítico para poder inducir en la sociedad desde la juventud aquellos valores esenciales para el cultivo de los principios democráticos. En este sentido la historia de occidente es el ejemplo vivo de cómo, los principios liberales heredados de la ilustración y el renacimiento a través de las grandes revoluciones del siglo XIX y XX, han construido un yo colectivo heredero de los principios universales que se asocian a nuestra especie.
Sin embargo, el tratamiento irresponsable de la historia como agente socializador conduce a serios riesgos de fondo. Tan pronto como la historia deja de ser crítica y se convierte en un relato historiado secuestrado por una causa el resultado se pervierte peligrosamente. Ya conocemos el riesgo que se corre cuando se exprime el conocimiento histórico en busca de aquello que un determinado lobby de presión quiere oír.
El profesor de historia debe actuar como un agente social activo y responsable con sus conciudadanos. Una buena práctica docente procura elaborar un conocimiento histórico basado en la actitud crítica y en una construcción de un relato que se proyecte desde la imparcialidad. Es un deber responsable e inexcusable aspirar a la imparcialidad crítica y a ejercer un liderazgo crítico desde el conocimiento académico de la historia. Nuestra propuesta desde Opohispania siempre irá en esa línea. El profesional de la historia es ahora más importante que nunca, en estos tiempos que corren donde el poder se disfraza detrás del relato que se le cuenta a nuestros jóvenes. En Opohispania lo tenemos claro… ¿y tu?

Comparte esta entrada
Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter