Cómo enfrentarse a la pereza y la falta de concentración en las oposiciones

Cómo enfrentarse a la pereza y la falta de concentración en las oposiciones

Todas las personas que preparamos oposiciones hemos sufrido dificultades de concentración,  postergación de tareas o pereza. Somos humanos y estudiar seis horas diarias no es una actividad, inicialmente, muy placentera. Como estos elementos, además, suelen aparecer relacionados, vamos a tratarlos de forma conjunta en este artículo. Gran parte del contenido del mismo está reflejado en los videos de nuestro Curso de Estudio Opohispania dedicados a la motivación y organización del estudio.

La causa negativa es la ausencia de placer en el estudio de las oposiciones

Si nos paramos a pensar, hay un elemento que está en la base de todos estos comportamientos. Nadie tiene problemas de concentración si se produce un incendio en su casa o se abre una vía de agua en su embarcación. No creo que en Ucrania nadie se desconcentre, postergue la huida o sea perezoso cuando oye la sirena que anuncia un bombardeo. Todos corremos sabiendo que nuestra vida está en peligro. El problema con las oposiciones, por tanto, es que todo esto se produce (falta de concentración, pereza o procastinación) porque tenemos otra actividad mental o física que nos resulta más placentera que estudiar. Esa actividad puede ser pensar en sus hijos, pensar en la Selección española de fútbol, hacer esquí acuático o, simplemente, no hacer nada. 

La base de la preparación de las oposiciones es el pensamiento positivo

Por tanto, para superar estos problemas, que en realidad, implican actuar y no quedarse de brazos cruzados, lo primero que hay que hacer es reforzar nuestro pensamiento positivo para que sea la gasolina que necesita nuestro motor. ¿Por qué estudio oposiciones? Y aquí será conveniente hacer una lista de las cosas presentes y futuras que hay en las oposiciones. Pueden ser los elementos de fortalecimiento personal que planteábamos la semana pasada, pero también (y muy importantes) las evidentes ventajas materiales que obtener la plaza nos reportará. En mi caso, yo era muy consciente de que sacar la plaza era la puerta que me conduciría a nuevas metas personales, como vivir donde yo quisiera, disponer de tiempo para mis ambiciones artísticas o la paternidad.  Ese era un reclamo potentísimo para estudiar denodadamente. Es imprescindible, por tanto, hacerse esa lista y tenerla bien presente.

¿Qué lugar ocupa el estudio de las oposiciones en mi vida?

Esta es una reflexión previa a la auto-exigencia que es fundamental. Es bueno hacerse una lista de prioridades vitales. ¿Qué es lo primero en mi vida? ¿El bienestar de mis hijos? ¿La estabilidad profesional? ¿La seguridad económica? ¿Viajar? ¿Ver la tele? Y la segunda pregunta es ¿qué relación tiene el estudio de las oposiciones con estas prioridades? En mi caso, por ejemplo, la oposición era una puerta hacia otras de mis prioridades y ese puede ser tu caso también. Finalmente: ¿qué lugar ocupa la oposición en tu lista de prioridades? Si no está entre tus prioridades fundamentales, es que esto no es lo tuyo. No te engañes: es mejor que abandones e inviertas tu tiempo en lo que deseas realmente.

La adecuación del espacio es vital para el estudio de las oposiciones

Esta lista debe estar en un lugar bien visible. O en varios. La podemos poner en la pantalla del móvil, en el frigorífico o en nuestro cuarto de baño… en cualquier sitio que vayamos a ver de forma constante. Y por supuesto, en la habitación de estudio. Esta habitación debe ser un santuario donde todo nos conduzca al mismo sitio: a estudiar. Hay que evitar en esta habitación desorden y distracciones y hay que potenciar todo lo contrario. Si estudiamos por darles un mejor futuro a nuestros hijos, su foto no debe faltar en el cuarto de estudio. Todo lo que suma es bienvenido y todo lo que resta, lo que pueda desconcentrarnos (como una ventana sin visillos que conduzca nuestra mirada a curiosear o un reloj que haga ruido) debe ser desechado.

La organización del tiempo es también vital para el estudio de las oposiciones

 Y si es importante el espacio, mucho más lo es el tiempo, porque es justamente en esta dimensión donde nosotros podemos perdernos. Desconcentrarse o diferir el estudio es, en realidad, malgastar el tiempo sin hacer nada. Y el tiempo es una sustancia preciosa: el que se va no se puede volver a emplear. Es así. Y los diez minutos que retrasamos para comenzar o los veinte que perdemos de cada hora dejando que nuestra mente vague por otros territorios distintos al tema no se recuperarán nunca. Por tanto, se trata de disciplinarnos en y con el tiempo.  Debemos marcar tiempos de estudio claros y realistas. Esto quiere decir que no podemos estudiar en lapsos de menos de hora y media o dos horas. Esos lapsos más pequeños deben ser dedicados al repaso, pues según nuestro método, cada tema debe estudiarse en un cuarto de hora.  Por tanto, hagamos un horario racional y un plan de estudio semanal. 

La organización de las tareas y la auto-exigencia es fundamental para estudiar oposiciones

Es muy importante dividirnos la tarea en tareas más pequeñas. Como decimos siempre, “divide y vencerás”. Hacernos un plan y cumplirlo. 17:00 me toca ponerme a estudiar: Lunes. Y no pensamos nada. Lo hacemos. Punto. Y en cuanto lo estamos haciendo, nos damos el premio de nuestro propio reconocimiento interior. Nuestra alma nos aplaude. Aristóteles decía que eran tres las potencias del alma: memoria, voluntad y entendimiento. Pues bien, es nuestro entendimiento quien aplaude a nuestra voluntad. Este aspecto es fundamental: el amor propio. Primero hacemos un plan anual, luego el plan semanal y luego el plan diario. Mi gran lucha siempre era cumplir ese plan. Hacer todo lo posible para realizarlo. Si había que echar un tiempo extra, lo echaba. Pero el plan se cumplía. Y las veces que no se cumplía es porque había sido verdaderamente imposible. Eso nos enseña cómo somos y cuáles son nuestros límites con lo que cada vez hacemos el plan mejor y rendimos más. Ese es el objetivo.

Estudiar oposiciones pensando que nos va la vida en ello

Y planteadas estas bases (y mucha atención a esto, porque si no tenemos todo lo anterior muy claro, no vamos a poder avanzar), de lo que se trata es de actuar porque nos va la vida en ello. Ya acabó el tiempo de pensar. Ahora es tiempo de actuar. Como dice la máxima, el movimiento se demuestra andando. Cada vez que nuestra mente se desvíe, nuestra propia mente debe recordarle que nos va la vida en ello. Alguien dirá, claro, pero es que en realidad no nos va la vida en ello. Si me distraigo, no se me va a parar el corazón. Efectivamente es así. Pero la vida no es el conjunto de minutos que acumulamos sobre la Tierra, sino el conjunto de vivencias y el camino personal que somos capaces de recorrer y experimentar mientras vivimos. Eso es la vida. Y somos más humanos y vivimos más cuanto más consciente, productivo y generoso es esta travesía. Y esa vida (la que merece este nombre) es la que nos estamos perdiendo si nos desconcentramos o si nos vence la pereza. 

Los disfraces del pensamiento negativo 

Cuando estemos estudiando, nos van a surgir siempre distracciones. Eso es inevitable. En esos casos, hay que volver al inicio y no concederse tregua. No podemos pensar lo duro que es lo que hacemos, lo terrible que es nuestra tarea, lo aburrida que es. No se sube una escala mirando al suelo porque viene el vértigo. Debemos huir de la autocompasión y de la complacencia, que son los disfraces del pensamiento negativo, de ese que nos dice que no somos capaces. Claro que somos capaces. Es en esos momentos en los que hay que mirar al frente, levantar la vista y actuar con determinación.

Actuar con determinación y sin concedernos excusas

Hay que marcarse metas y horarios… y cumplirlos. Auto-exigirnos. Marcarse metas y cumplirlas.  Claro que somos capaces. Y con esa fe llegarán los avances. Cada vez que alcancemos una meta hay que darse un premio. Hay muchos tipos de premios: puede ser ir al cine con la pareja, tomarse una copa de vino o disfrutar leyendo unos poemas. Cada uno sabe lo que le gusta. Pero hay una cosa que no puede faltar: crecer como persona. Reconocernos a nosotros mismos que hemos vencido una nueva resistencia,  ser conscientes de que hemos derrotado a la pereza. Eso hará que nuestro enemigo sea cada día más pequeño y nosotros nos sintamos más fuertes, porque lo que hemos hecho una vez, podremos repetirlo muchas veces, cada día.  

Tú eres capaz de hacerlo

Todos somos capaces de hacerlo. Y tú también. Hay que vencerse a uno mismo un poco cada día. Y cada día darse cuenta y enorgullecerse de que hemos crecido, de que somos mejores personas, de que nos conocemos mejor y sabemos cómo manejar nuestras emociones. Este camino a la fortaleza no es lineal: hay días mejores y peores. Nunca un rumbo es completamente directo, pero en cuanto notemos el desvío, hemos de actuar con serenidad y determinación. La plaza está al final del camino. Y una, sin lugar a dudas, es para ti.

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