¿Cómo conseguir que los repasos no sean un suplicio?

¿Cómo conseguir que los repasos no sean un suplicio?

Photo by Annie Spratt on Unsplash
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La oposición es navegación de altura

Las oposiciones, por definición, son estudios, a gran escala, donde hay que abarcar temarios enormes. Haciendo, como nos gusta, un símil con la navegación, las oposiciones son navegaciones de altura, en las que nos adentramos en mar abierto y perdemos la costa como referente. No tiene nada que ver con la universidad, donde los contenidos a dominar en un examen son mucho más breves. Hay que tener en cuenta que nuestro temario de oposiciones, contando con que cada tema pueda tener unas tres o cuatro mil palabras, oscilaría entre las 216.000 y 298.000 palabras. Es decir, una barbaridad. Hoy, cuando ya se acerca el examen y hay que repasar a tope, este tema es de gran importancia.

El repaso es una parte más del estudio

Por tanto, cuando se trata de abarcar una cantidad tal de palabras, es imprescindible el repaso y por tanto, debe ser tan tenido en cuenta como el estudio en sí de cada tema; mejor dicho, debe ser incluido como una parte más del estudio. Yo comprendí esto cuando llevaba menos de un trimestre estudiando. Y por tanto, había que invertir las prioridades. La prioridad debía ser el repaso. El estudio debía ir orientado desde el principio a facilitar el repaso. Y la estrategia debía garantizar que el repaso fuera gratificante, pues era obviamente la base y la consolidación del progreso en el estudio.

¿Por qué es mejor repasar que estudiar?

Estudiar es memorizar aquello que no dominamos, que es desconocido para nosotros. Tenemos que hacer, por tanto, un gran esfuerzo para hacerlo. Podemos poner una cifra de horas media para conseguirlo: treinta horas por tema. Repasar es refrescar lo que no se ha olvidado. Y podemos poner una cifra media de una hora por tema. Pues bien. Si repasamos con una inversión de una hora semanal, estamos garantizando que las treinta horas de estudio no se pierden. Si no repasamos en dos meses, lo que equivale a no gastar ocho horas en el repaso, probablemente tengamos que realizar una inversión mayor para volver a recordar el tema, que entonces no estaremos repasando, sino re-estudiando. Además, si repasamos cada semana, esa hora cada vez será menos tiempo y semana a semana, nuestro dominio del tema será mayor; mientras que si no repasamos, cuando re-estudiemos el tema nos encontraremos con que lo dominamos igual que la primera vez (no más). 

El repaso debe ser constante 

Había compañeros de la carrera que estudiaban y acumulaban un tema tras otro sin repasarlos y luego concentraban el repaso de todos ellos a los dos, tres o cuatro meses. Eso no me satisfacía. Yo estaba seguro de que en uno, dos y hasta tres meses sin repasar se me había olvidado un tema casi por completo. Podría vagamente recordar algunos elementos, pero ¿poder hablar durante una hora o escribir durante dos (como era obligatorio entonces) aprovechando al máximo el tiempo? Imposible. Había que repasar con más frecuencia.

El repaso debía ser rápido.

Había compañeros que dedicaban una hora al repaso de cada tema. Yo hice un cálculo matemático sencillo. Si repaso un tema por hora, en cuanto lleve veinticinco temas, ya no podré repasar más. Y esto no podía ser. Mi intención entonces era llevar todo el temario. Y todos los años lo conseguía. ¿Cómo? Haciendo repasos rapidísimos. Comenzaba con repasos (los de las primeras semanas) de entre veinte y treinta minutos. A las cuatro semanas bajaba a unos quince minutos por tema y finalizaba (durante el día anterior al examen) con repasos de cinco minutos de cada tema. Es decir, me repasaba el temario entero en un solo día (a unos diez o doce temas por hora).

¿Cómo conseguir que el repaso sea rápido?

Para conseguir que el temario fuera rápido, lo primero consistía en diseñar los temas para que fueran rápidos de repasar. Y por ello mi temario tenía una estructura diferente a la de cualquier otro temario, pues estaba diseñado para ser memorizado en función de los repasos. Lo segundo consistía en llegar al repaso después de haber comprendido y memorizado perfectamente el tema. Hay muchas personas que tienen muchos problemas en el repaso porque el tema no se lo han sabido bien nunca. Leen, subrayan, resumen… pero no se saben perfectamente el tema. Es imposible repasar una cosa que no dominamos. Lo tercero es vigilar el tiempo que dedicamos a cada repaso para hacerlo dentro de los límites establecidos. Como en todo, hay que fijarse objetivos en la vida y luchar por cumplirlos. Lo cuarto es repasar cada semana o al menos cada dos semanas. Solo se puede repasar con rapidez algo que no tenemos que rebuscar en la mente. Si hay que recordar… entonces ya no estamos repasando, sino aprendiendo de nuevo.

¿Cómo conseguir que el repaso sea gratificante?

Y esta cuestión, (que dejamos para el final pues es el corolario de todo lo anterior), es fundamental: hay que conseguir que el día de repasos sea gratificante. ¿Cómo lo conseguía yo? Lo primero convirtiéndolo en un acontecimiento deportivo. Yo siempre he sido muy competitivo y deportista y me apuntaba el tiempo invertido y los fallos de los repasos de las semanas anteriores. Encendía el cronómetro e intentaba repasar el tema en menos tiempo cada semana. Por otro lado, miraba siempre lo positivo. Como repasaba todas las semanas y la cantidad de ideas olvidadas era escasa, lo que veía semana a semana es que cada vez dominaba más y más temas, por lo que mi moral aumentaba. No miraba mis errores (que los había) sino mis aciertos, que aumentaba. La estela que mi navegación dejaba detrás era cada vez más profunda. Sobre todo, cuando sabía positivamente que la mayor parte de mis competidores ni siquiera repasaban, sino que re-estudiaban sus temas. Lo tercero, me daba premios y moral con cada éxito y al finalizar el día de repaso. Yo lo hacía los sábados y eso suponía libertad y fiesta, porque salía con mi pareja y mis amigos esa noche. Es decir, para que sea gratificante, debemos vincular el repaso con elementos afectivos que nos resulten positivos.

Este método ha demostrado su eficacia

Hay muchas maneras de preparar la oposición, pero nuestro método Opohispania ha demostrado en casi treinta años su eficacia. Yo lo seguí y recitaba como una ametralladora (y comprendiendo lo que decía) cada tema. Fui número uno de mi tribunal. Luego lo han seguido centenares de personas y muchas de ellas también lo han sido. Todos dicen que es duro, exigente y algunas personas no se adaptan a él. Pero todas las personas que lo han probado saben y dicen que es el mejor método que conocen para memorizar entre doscientas y trescientas mil palabras y saberse el temario entero de las oposiciones. 

Como siempre, nuestro recuerdo a las víctimas de la pandemia y a sus familiares. Saludos y ánimo.

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