La maravillosa travesía a la plaza de Anna Pérez Berenguer: el amor y la docencia.

La maravillosa travesía a la plaza de Anna Pérez Berenguer: el amor y la docencia.

Hoy traemos otro magnífico testimonio real de una opositora catalana. Ha sido una gran opositora y es una gran profesora. Estoy seguro de que realizará su trabajo con abnegación y defenderá nuestra lengua, seguramente en condiciones más difíciles que otras personas, por lo que yo estoy orgullosísimo de haber ayudado con mi granito de arena a su éxito. Docente vocacional desde la más tierna infancia llegó a ser funcionaria en Francia, pero lo dejó para presentarse en España, por amor. Una vida sacrificada, alucinante y aventurera que ha merecido su justa recompensa. Su relato destila verdad y es imposible leerlo sin identificarse con ella.

Soy Anna Pérez Berenguer, tengo 33 años y soy licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid.

Una docente vocacional

Hace mucho tiempo que decidí que mi profesión sería la docencia. Lo he tenido bastante claro desde siempre, desde que de pequeña jugaba a ser maestra con las botellas de aceite que mi madre vendía en la tienda de ultramarinos que regentaba en un pueblecito de Lérida. Me imaginaba que esas botellas de cinco litros eran mis pupilos uniformados y les daba clase o les contaba cuentos del mismo modo que yo veía hacer a mis maestras en la guardería y en la escuela. Así que el ser maestra ha sido un deseo siempre presente que ha ido en aumento gracias a haber tenido muy buenos maestros y profesores a lo largo de mi escolarización.

Primera etapa: Mi formación universitaria en Lérida y Madrid.

Así pues, con la idea de ser profesora de Lengua casi desde siempre, las oposiciones no han sido más que un trámite que debía pasar para poder alcanzar mi objetivo.
Empecé Filología Hispánica en la universidad de mi ciudad, Lérida, pero para el segundo ciclo de la carrera decidí que tenía que cambiar de ciudad e irme un poco lejos de todo lo que conocía hasta el momento. Así que hice un traslado de expediente y me fui a Madrid sin saber siquiera cómo funcionaba el metro. Y fue un acierto en todos los sentidos. Crecí mucho a nivel personal y académico y me lo pasé muy bien, que para eso también está la universidad.
En la Complutense, las licenciaturas duraban un año más, así que en total estudié cinco años de Filología Hispánica.

Segunda etapa: Estados Unidos

Tras finalizar la carrera en 2011, estuve buscando la forma de trabajar un tiempo fuera de España y la flauta sonó cuando me concedieron una beca para ser asistente de español en una universidad estadounidense durante un curso entero. Esa fue mi primera experiencia real como docente y me gustó muchísimo.
Tras el curso 2011-2012 en Estados Unidos, regresé a una España en plena crisis. No tenía muchas ganas de ponerme de nuevo a estudiar, así que intenté buscar un trabajo pero no encontré nada. Ese período fue duro porque me di cuenta de que, a pesar de que yo había recorrido todo el camino que se supone que debía seguir -Bachillerato, universidad, experiencia en el extranjero… -, me estaba costando entrar en el mercado laboral.

Tercera etapa: Vuelta a España en plena crisis

Así que, como tenía algunos ahorros de mi etapa estadounidense, decidí seguir formándome al tiempo que seguía con la búsqueda de trabajo.
En ese momento, sin embargo, no me matriculé en el máster de profesorado sino en otro de teatro, que es algo que también me ha gustado mucho desde siempre. ¿Por qué no hice el máster que me hubiera llevado de forma más directa a poder ejercer como profesora? ¡Qué sé yo! Estaba cansada de seguir un camino medio impuesto y, además, la inversión me la pagaba yo. ¡Un pequeño acto de rebeldía!, quizá. Decidí, así pues, hacer lo que en aquel momento más me apetecía, que era estudiar teatro.
Como suele pasar con la mayoría de másteres, este prometía más de lo que acabó siendo. Pero algo aprendí y me lo pasé bien. Además, pude estar un año en Barcelona, aunque estuve viviendo con mis tíos por eso de ahorrar lo máximo posible.
Durante ese tiempo que hice el máster y tras acabarlo, tampoco encontré un trabajo serio. De modo que llegué al verano de 2013 en la misma situación en la que había estado el verano anterior, pero con el añadido de tener una sensación de estancamiento y una cierta desazón que no había sentido antes. España me parecía un país en el que no se podía hacer nada. Había que irse de nuevo.

Cuarta etapa: ¡funcionaria francesa!

Y ahí comenzó mi búsqueda de trabajo en otros países como Alemania y Francia. De alemán, tenía algunos conocimientos porque lo había estudiado durante la carrera; de francés, ¡no sabía nada!, así que mis tíos que viven en Francia me ayudaron con la redacción del currículum y la carta de motivación y estuve el mes de julio de 2013 viviendo con ellos para empaparme un poco de la lengua.
Finalmente, ¡¡volvió a sonar la flauta a finales de agosto de 2013!! Me contactaron de una academia francesa para dar clases de español como lengua extranjera. Eran pocas horas, pero era mejor que nada.
De 2013 a 2014 estuve trabajando en esa academia como profesora de español para extranjeros y conocí a personas que me informaron sobre la posibilidad de estudiar el máster de pedagogía en Francia y presentarme a las oposiciones para ser profesora en el país galo.
Los estudios universitarios son baratísimos en Francia, así que aproveché la oportunidad y al año siguiente me matriculé en la universidad al tiempo que seguía con las clases en la academia.
En mayo de 2015 me presenté a las oposiciones en Francia y las aprobé, de modo que en septiembre de ese mismo año me convertí en “fonctionnaire stagiaire”, es decir, funcionaria en prácticas.

Quinta etapa: un viejo amor de adolescencia y la nostalgia de la patria.

Y ahí estuve hasta enero del año pasado, justo antes de que empezara todo el barullo pandémico. Durante esos años, pasaron muchas cosas: inicié por fin mi vida como adulta, entré en el mercado laboral, empecé a pagar impuestos, tuve mi primera relación seria con convivencia incluida, rompí con la pareja de aquel entonces, me mudé de piso un par de veces, estuve trabajando en varios institutos, conocí a gente muy interesante, hice teatro, tuve la nostalgia del expatriado…y me reencontré con un viejo amor de adolescencia que acabaría siendo el amor de mi vida.
Y por amor a mi pareja y a mi familia y por nostalgia de mi país, llegó un momento en que tuve clarísimo que era tiempo de volver a mi patria querida, siempre agradecida por todo lo que Francia me ha enseñado y dado.
Para volver, era necesario tener un trabajo y eso pasaba por aprobar las oposiciones en España. Así que empecé a mover todos los papeles necesarios (excedencia en Francia, reconocimiento de títulos, traducciones oficiales…) para poder presentarme a las oposiciones de 2020 en Cataluña. También tuve claro desde el momento que tomé la decisión de regresar, que iba a necesitar orientación en la preparación de las oposiciones. Empecé con la búsqueda de un tutor adecuado a mi situación, es decir, un tutor en línea, ya que yo debía estar en Francia hasta enero de 2020.

Sexta etapa: Opolengua

Para mí, la decisión de contratar el asesoramiento de Eduardo fue clara tras varias búsquedas y comparaciones. Los testimonios de su página web eran auténticos y algunos habían vivido situaciones similares a la mía: expatriados con ganas de volver. Toda la información de la web era clara y bien organizada. Me resultó confiable desde el inicio, en ningún momento tuve la sensación de estar ante un vendehúmos. Y no me equivocaba.

Lo más duro que he tenido que superar para llegar a mi objetivo ha sido trabajar y estudiar al mismo tiempo. No es fácil llevar una jornada de trabajo y estudio simultáneamente, ¡y eso que yo no tenía responsabilidades mayores como pudieran ser hijos a cargo!
El tener un objetivo claro ha sido clave para no desfallecer. También el pensar que otras personas en una situación peor a la mía, estaban haciendo lo posible por aprobar. Pero la verdadera espuela ha sido pensar y saber que mi familia también estaba haciendo un esfuerzo para que yo sacara adelante este proyecto. Esto me ha dado mucha fuerza ya que no solo tenía que aprobar por mí, sino por todas las personas que me han acompañado con sus acciones y su paciencia desde la distancia y la ausencia en mi estudio. Y en ese grupo de personas, incluyo también a Eduardo.

Séptima etapa: La llegada a puerto: el triunfo y el agradecimiento

Lo más importante y bonito que he aprendido, no solo en la preparación de estas oposiciones, sino a lo largo del camino recorrido, es que el esfuerzo invertido siempre acaba siendo recompensado de un modo u otro y que uno nunca alcanza los objetivos en solitario, sino que hay un entorno que acompaña y permite que esos objetivos se hagan realidad. ¡El tópico americano del self-made man es una auténtica milonga!
En este sentido, la preparación con Opolengua ha sido clave en el éxito alcanzado porque no solo te orientan sobre el qué debes estudiar, sino también sobre el cómo. Y por si esto no fuera suficiente, Eduardo y su equipo siempre están a la escucha de los problemas o dificultades que puedan surgir en la travesía de cada opositor.
Los opositores que decidan acompañarse por Opolengua, verán colmadas sobradamente sus expectativas en cuanto a la preparación de cada una de las pruebas de la oposición y tendrán el apoyo moral necesario que este proyecto precisa.
Estoy convencida de que yo no estaría escribiendo hoy este texto si no fuera por la ayuda de Eduardo. Esa ayuda me ha permitido aprobar y, con ello, poder optar a un proyecto de vida estable cerca de los míos. Por ello, quiero agradecerte, Eduardo, tu esfuerzo en el acompañamiento realizado y animaros, futuros opositores, a dejaros guiar por un capitán que conoce bien los mares que deberéis surcar.

¡Ánimo, coraje y mucha suerte a todos!

Anna Pérez

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